Llevo ya como tres años y medio sin fumar. Y, la verdad, ni lo extraño.
En Chile estaba acostumbrado a oler humo de cigarro todo el tiempo: en la calle, en el lugar de trabajo, en todos lados. Ni hablar de Santiago, donde casi todos mis alumnos fumaban, y donde yo solía caminar varias cuadras por Avenida República donde MUCHOS estudiantes fuman (no sólo tabaco). Igual en Curicó o Talca que, aunque no se venden cigarrillos dentro de la Universidad, no existe una prohibición de fumar en el campus asi que el humo igual se respira.
La verdad es que estaba tan acostumbrado a respirar humo de cigarro, sobre todo después de fumar varios años, que jamás lo noté.
Pero hoy, al bajarme del bus y caminar hacia mi oficina, noté algo extraño en el aire. Inmediatamente la garganta empezó a molestarme y pronto descubrí que había… ¡un estudiante fumando en el campus!
Fue entonces que noté la gran diferencia que hace estudiar en un ambiente libre de humo de cigarrillo.
La University of North Carolina tiene una “No smoking policy” funcionando desde el 2008, y que prohíbe fumar a menos de 100 pies (30.48 metros) de cualquier edificio controlado por la Universidad y, evidentemente, prohíbe fumar dentro de los edificios. La prohibición es total; no hay áreas especiales para fumadores ni nada. No se fuma y punto. Hay un mapa que muestras dónde se puede y no se puede fumar… y se ve que dentro del campus, hay apenas un puñado de lugares donde aún los alumnos pueden echar humo. Para el resto, simplemente nos mantenemos alejados de esos lugares.
Me imagino el desastre que quedaría en Chile si, por ejemplo, la UDP intentara hacer algo como ésto. Sería definitivamente más saludable para la comunidad universitaria, de eso no me cabe duda, pero los alumnos reclamarían hasta por los codos. También los profesores y personal administrativo. Pero, literalmente, la diferencia se respira en el aire.
Me alegro tanto de haber dejado el vicio…